PREFERIDOS DE PRESIDENCIA
“Norte de Santander tiene presidente y lo vamos a llevar al lugar de grandeza que se merece”.
Son las palabras que más me impactaron del doctor Abelardo de la Espriella en su visita como presidente electo a Cúcuta. Es muy grato saber que somos sus preferidos.
Tiene razón el señor presidente electo y yo le agrego que no es solamente al lugar de grandeza que merecemos, sino a la grandeza que ya fuimos; grandeza de la cual nos han despojado con el argumento de que es por el bien de la patria.
El 4 de julio de 1810, ya Pamplona había declarado su independencia, antes que lo hubieran hecho en Santa Fe de Bogotá. En 1821 se engendró constitucionalmente en Villa del Rosario la Colombia que hoy tenemos; allí mismo, donde había nacido Francisco de Paula Santander y con él la idea de un federalismo que hoy cobra actualidad debido al abandono en que se encuentra la Colombia que está distante del centro, distante de la capital, es decir, la Colombia fronteriza.
En el Catatumbo se descubrió el primer pozo petrolero en Colombia: con la Concesión Barco se inició el fortalecimiento de la economía colombiana; ¿y qué tanto de esa riqueza le ha quedado al Catatumbo? Tibú no tiene ni una vía terciaria en condiciones aptas para sacar la yuca, el plátano, el cacao y demás productos agrícolas que en toda esa región se pueden producir a montón. El señor presidente electo lo debe saber.
En Norte de Santander y concretamente en Salazar de Las Palmas se inició la siembra de la riqueza en Colombia: el café. Nuestros abuelos sembraron el café, aumentaron y extendieron su producción; lo recogían, lo secaban, lo trillaban y lo transportaban hasta la capital del departamento para exportarlo y convertirlo en la fuente principal de divisas para el país.
En octubre de 1960, el gobierno nacional abolió a Cúcuta como «puerto terrestre de exportación«, con el fin de acabar de una vez por todas con la exportación del café por esta frontera.
Yo acababa de cumplir mis 14 años y todavía no entendía lo que era el centralismo, ni tampoco entendía porqué una medida del gobierno nacional había puesto a mi papá a conseguir quien le comprara el café, que normalmente vendía sin mucho esfuerzo; conocí entonces a unos personajes que recorrían las haciendas cafeteras acompañados de varios arrieros y sus respectivas recuas de mulas que cargaban el café y enrumbaban hacia el páramo de Tamá para llegar a Venezuela y venderlo a buen precio, confiando en que tanto arrieros como mulas llegarían con vida al otro lado del páramo ya que, según ellos relataban, el frío del páramo más el desgaste por la caminata constituían un obstáculo a veces insalvable para llegar al lugar escogido para negociar el producto.
Todo esto da para muchas crónicas que escribiré mas adelante.
Por obra del gobierno nacional pasamos de ser los pioneros de la exportación, a depender del comercio minorista, pero de todas maneras nos convertimos en la vitrina de Colombia para el país vecino; por intermedio de Cúcuta conoció Venezuela toda clase de productos elaborados en Colombia.
Ya estábamos disfrutando de una estabilidad económica y vino entonces lo que conocemos como apertura económica: tal vez es el golpe más duro que haya sufrido la economía de Cúcuta, propiciado por el gobierno nacional.
Debido a la apertura económica los productos colombianos pasaban la frontera exentos de impuestos y otros incentivos que los situaban al otro lado de la frontera a menos de mitad de precio de lo que costaban en Cúcuta; además de que dejamos de venderlos a los venezolanos ocurrió que esos mismos productos entraban de contrabando nuevamente a Colombia y acabaron casi con la totalidad de la industria que había en ese momento en la zona fronteriza, empezando por la Licorera de Norte de Santander que no pudo subsistir al ataque de los licores colombianos que entraban de contrabando nuevamente a Colombia después de haber sido exportados.
Lo que ha sucedido con Cúcuta es la prueba de cómo el centralismo olvida a las regiones y ni siquiera tiene el cuidado de estudiar el impacto que sus medidas nacionales puede causarles, para contrarrestar sus efectos de alguna manera.
El centralismo también está ocurriendo a nivel de departamento y fue palpable con la visita del presidente electo, ya que se pensó más en la comunicación de Cúcuta con Bogotá que en la comunicación de la capital del departamento con los demás municipios. La verdadera riqueza de Colombia no está en Bogotá, está en toda Colombia, como la verdadera riqueza de nuestro departamento Norte de Santander no está en Cúcuta, está en todos los 40 municipios que lo conforman.
Otro tanto ocurre con la carretera a Saravena; Carretera de La Soberanía, nombre que le puso un presidente de la República, el mismo autor de la apertura económica, para darnos a entender que estaba de acuerdo con nosotros en la idea de que esa via es de suma importancia: nombre que solo ha servido para desgaste de la palabra soberanía, porque esa vía casi no resiste ni el nombre de carretera, pero lo cierto es que la carretera a Saravena es un eje importantísimo para comunicarnos con la extensa y productiva región del sur del departamento, para comunicarnos con el vecino departamento de Arauca, para darle rápida salida al mar a ese departamento y como un acto de justicia para con toda la región que solamente la han mirado para sacar su riqueza sin dejar mucho rastro benéfico y sí muchos daños.
Muy interesante la idea del presidente electo de entenderse directamente con los alcaldes de los diferentes municipios dando inicio así a la descentralización departamental.
Me entusiasma la idea del presidente electo de gobernar a Colombia desde sus fronteras, ya sean terrestres o marítimas; de desarrollar al país desde las afueras y no desde el centro, si lo logra, como es de esperarse, porque todos vamos a contribuir a ello, entregará dentro de cuatro años un país lleno de prosperidad, con la riqueza que viaja hacia el centro desde el Chocó, desde el Cauca, Nariño, Putumayo, Vaupés, Amazonas, Guainía, Vichada, Arauca, Norte de Santander, Cesar y toda la Costa Atlántica.
Le deseo al señor presidente entrante, el más grande de los éxitos, en el proyecto de la descentralización, por su satisfacción y por beneficio de la Colombia alejada, pero muy rica, que constituye la mayor parte de su territorio

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