VENEZUELA: EL CALVARIO DEL INGRESO INTEGRAL
VENEZUELA: EL CALVARIO DEL INGRESO INTEGRAL
No es fácil entender la situación económica de más de 8 millones de asalariados en Venezuela. No se puede hablar de salario, pues ese término prácticamente desapareció en el vecino país y se reemplazó por la expresión “ingreso integral” para determinar la remuneración mínima que reciben los trabajadores venezolanos y que en Colombia llamamos salario mínimo.
El término ingreso integral se acuñó en lugar de salario con el fin de esquivar todo lo referente a prestaciones sociales.
El ingreso integral está cuantificado en dólares oficiales, pero el empleado no recibe dólares, recibe el equivalente en bolívares al precio oficial del dólar; como en Venezuela el Bolívar es muy poco aceptado, la mayor parte de las transacciones se hacen en dólares, de tal suerte que los bolívares recibidos a precio oficial se utilizan para comprar dólares a precio de la calle.
En el momento de escribir este artículo, el dólar oficial en Venezuela se sitúa en 500 bolívares y el dólar callejero en 598; aunque esa cotización es muy volátil es un punto de referencia para deducir que realmente el ingreso integral para el trabajador venezolano es de 196 dólares, equivalentes a 731 000 pesos colombianos.
La diferencia del valor del dólar oficial comparado con el valor del dólar paralelo se conoce como brecha cambiaria y también lo llaman el impuesto silencioso.
Tanto la brecha cambiaria como la inflación convierten el ingreso integral actual en una suma incapaz de cubrir las necesidades básicas para la subsistencia del trabajador venezolano.
El ingreso integral este año pasó de 160 dólares a 190 dólares en enero, y a 234 dólares a partir del pasado 1 de mayo, pero realmente el aumento del ingreso ha consistido en la reducción de la brecha cambiaria y también de la inflación, que de un 600% que traía anualizada, en abril fue de un 12%.
Igualmente, la brecha cambiaria en enero se acercaba al ciento por ciento y en este momento está en un 19%, es decir que sí ha habido un mejoramiento considerable del ingreso integral del trabajador venezolano, pero dado lo irrisorio de ese ingreso es casi ofensivo hablar de mejoramiento, porque la situación de miseria persiste.
Observo un interés por reducir la brecha cambiaria y también la inflación, sin embargo, pese a que los ingresos petroleros para Venezuela han aumentado considerablemente, en el mejor de los casos es de 3 600 millones de dólares en el mes y en la sola nómina oficial, en este momento, se están gastando 1 800 millones de dólares, aproximadamente, no es solamente la renta petrolera la que va a generar ingresos suficientes para que el trabajador venezolano alcance un salario con el que pueda solventar las necesidades básicas; es la inversión privada que ya se está notando, la encargada de generar empleo para quienes hoy están muy mal remunerados y también para los que desean volver a Venezuela.
Además de explicar la situación económica tan complicada que todavía vive Venezuela, pretendo insistir, ante mis lectores, en la necesidad de conservar intacta, nuestra Constitución y, por ende, conservar la independencia del Banco de la República.
El Banco Central de Venezuela debido a su falta de independencia, llevó el Bolívar en 18 años de emisiones de billetes sin respaldo a que valiera a principios de este año una cien billonésima parte de lo que valía en el año 2008.
Mirando los esfuerzos desesperados, incluso bordeando los límites de nuestra Constitución actual, que hace nuestro gobierno por conseguir recursos monetarios para una cosa y otra, puedo asegurar que si no fuera por la Constitución de 1991 estuviéramos recorriendo ese doloroso camino que han venido recorriendo nuestros hermanos en Venezuela.
En cuanto sea posible, trato de que mis comentarios no tengan sesgo político, pero me opongo totalmente a una Constituyente, sin importar el partido político que la proponga. Me opongo a toda reforma constitucional que provenga de un gobernante. La Constitución debe ser algo intocable para el gobernante, de lo contrario cada mandatario la va a reformar a su antojo.
La Constitución de 1991 no fue idea del mandatario de turno, fue idea de un grupo de jóvenes que, con el visible apoyo ciudadano, obligaron al presidente de ese entonces a conseguir piso legal para que pudiera llevarse a cabo la reforma a la Constitución del 1886, porque esa sí, verdaderamente, era una idea nacida del pueblo y no de un político ni de un gobernante.
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